Sofi tiene el frasco de perfume boca abajo sobre la muñeca y Mateo la ve apretar un envase que ya solo suelta aire. Quedan veinte minutos, Diego pasa a las ocho y veinte y la mesa es a las nueve, pero antes hay que decidir si el último chorro es de muñeca o de cuello, aguantar que el altavoz se corte cada vez que Mateo se lleva el teléfono a la cocina y terminar la copa de 818 con toronja que espera en el buró.
Escúchala mientras te arreglas, o mientras sacudes el frasco que ya no suelta nada.